Vinos & bebidas


El vino y como describirlo

Cuando queremos describir un queso, una manzana, un aceite, nos vienen a la cabeza adjetivos diría sensuales; es decir cómo lo percibimos con nuestros sentidos. Suave, fuerte, intenso, aromático, rico, feo, fresco, agradable, desagradable. Son las expresiones normales. Pero cuando hablamos de vinos otro es el cantar. El tema es contar nuestra sensación con palabras sencillas pero expresivas. Las metáforas no sustituyen, sino añaden conceptos.
 
Expresarse sobre un vino u otro producto como el café, el té, los quesos, requieren un mínimo saber acerca de esos productos, pero también expresividad en el lenguaje, sin caer en palabreríos. 
 
Sin embargo, si escuchamos a algunos críticos, utilizan expresiones imaginativas que muchas veces no nos comunican realmente aquello que quieren expresar. Aunque a veces ese es el tema… no quieren decir nada (lamentable).
 
Uno de ellos, español, que incluso trabaja para uno de los gurúes del vino, comentó cierta vez "al probarlo (al vino) casi caigo de la silla". Eso ¿es una adjetivación entendible?. La famosísima Isabel Mijares dijo "este vino huele a enagua de monja novicia", una metáfora para expresar que, según aclaró, el vino en cuestión olía a limpieza como a naftalina. Otro significó el aroma como "derrame de coche". ¿Nafta?. Hay quienes expresan que el que beben es femenino. Y con eso deben querer decir demasiado suave, ¿insulso?.
 
Expresión machista también en este tema. Escuché hablar de vinos emocionantes o exhibicionistas, bueno debía ser uno excelente sin duda.
 
En realidad el vino huele y debe oler justamente a vino. Luego hay que saborearlo, probarlo, pensarlo. Ahí están los grados de calidad, profundidad del aroma y el sabor, delicadeza o intensidad.
 
Y entonces ¿qué es un vino excelente? por ejemplo y ¿cómo describirlos?.
 
Los tintos pueden ser sencillos, simples, ligeros al beber, o complejos, intensos, de esos que nos incitan a paladear sin premura. Entonces descubrimos si hay armonía entre sus sabores y aromas, es decir sin acidez punzantes, ni taninos muy ásperos, pero hay sabrosura. Los blancos suelen ser delicados, con ligeros toques de acidez, aromas intensos. Todo depende los cepajes, ya que cada uno de ellos, sean tintos o blancos tiene una personalidad definida. Si hemos probado varios vinos en el camino de la vida, distinguiremos fácilmente la excelencia de un gran vino, comparándolo mentalmente con otro bueno, con expresión del varietal –es decir, lo que se busca y encuentra en las variedades de uva- pero sin notas expresivas que los diferencien, como sucede con los vinos superiores.
 
El vino en la copa debe conquistar primero por su color, profundidad del mismo, luego su aroma y finalmente el sabor. Salud!!